
Aquella noche del 22 de Marzo, sería el primer aviso de su anunciada muerte. Chejov salió a cenar con uno de sus amigos más íntimos, Alexei Suvorin. Editor y magnate de la prensa e hijo de un siervo al igual que Chejov. Sin embargo, política y temperamentalmente eran totalmente distintos. El primero se caracterizaba por un marcado socialismo, mientras el segundo era un reaccionario. Empero, estas diferencias no impedían su gran amistad.
El lugar escogido fue el prestigioso restaurante L'Ermitage. Chejov andaba muy bien vestido, llevaba un traje oscuro y sus eternos quevedos. Se le notaba bastante relajado, mientras observada la elegancia de los presentes y el constante devenir de los camareros.
Chejov y Suvorin se alistaban para ordenar, de pronto, Chejov empezó a sangrar por la boca e inmediatamente fue atendido por su acompañante. A pesar, de su optimismo y poca seriedad con la que enfrentaba la situación, la tubercolisis empezaba a quitarle la vida. La enfermedad de los pobres había ingresado en la alta alcurnia de la época.
Durante su estadía recibió, entre otras, dos importantes visitas, una política y la otra familiar. Fue María, su hermana, quien tuvo que confirmar la realidad de Chejov: vio un dibujo hecho mano que graficaba su verdadero estado de salud.
“El contorno de los pulmones era azul, pero sus mitades superiores estaban coloreadas de rojo. Me di cuenta de que eran ésas las zonas enfermas", escribe María.
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